Jun 20
El loco del pueblo
Ignoro, cuando puedo, los llantos de niños, sobre todo cuando, tras perseguirme con palos y piedras, caen al suelo, o cuando recién nacen del vientre putrefacto de las madres de mi pueblo. Todas mueren al final.
Pudiera decir que los diarios estos que escribo son para el placer de algún lector extasiado con las penas del loco del pueblo, pero sé que nadie me leera, a nadie le intersa las letras en este paÃs, pero escribo, mientras soy parte del paisaje, y mientras espero a que anochezca para caminar libre, y sin miedo a golpes burlescos, por los senderos que unen las casas dispersas…

Pudiera llorar, formar mi personaje, dormitar y relatar sueños de esperanzas o miedos, pero los miedos los vivo dÃa a dÃa y la esperanza es una ilusión estúpida, aún más estúpida que yo. Pudiera sentirme más inteligente que los demás, que no saben leer ni escribir — yo mismo no recuerdo cuando aprendÃ, a veces me imagino que nacà sabiendo — pero los del pueblo tienen sus casas, miserables, sus familias, moribundas, y yo solo tengo estas hojas impresas con un idioma extraño, que sobrescribo con torpeza. Tampoco estoy muy seguro de donde vine, no recuerdo mi infancia, ni a mi familia, ni amigos, siempre he estado solo, marchitándome eternamente, sin nunca morir; o eso he oÃdo decir a los viejos; que siempre me han visto por acá, siempre igual, siempre jorbado, siempre sobre papeles inútiles, yo no recuerdo, apenas guardo retazos del hambre de ayer, o de la paliza de antes de ayer, pero eso es todo.
O quizás me leeré yo algún dia, si es verdad que he vivido desde siempre, puede ser que viva para siempre, y llegue el dÃa en que los hombres no me ignoren, o yo no les ignore, y podamos hablarnos, y recordarnos, y leernos.
No commentsJun 20
Una queja
Disfrazo noches tras la penumbra de un abrazo que quedó en vacilaciones torpes.
No commentsApr 14
La caÃda

Poco a poco fui resistiendo, mientas mi piel sanaba. Abajo las personas fluÃan en su cotidianeidad. Los observaba sin discernirlos, más bien miraba mis recuerdos y las imágenes que aun conservo de aquella vida. SentÃa además otras presencias- era una sensación rara, era una certeza, más o menos corroborada por aleteos lentos y amplios, que sabÃa no podÃan se aves, pues estábamos a mucha altura - , sabÃa que esos invisibles eran como yo, o que estaban en mi situación o que estuvieron en ella.
Ya mi piel iba perdiendo su aspereza, que era muy semejante a la corteza de un árbol. Mis ojos ya no ardÃan cuando miraba hacia abajo, aunque sà me extrañó que, desde que recuperé la conciencia por primera vez en ese lugar, siempre pude mirar fijamente al Sol, o al menos tengo ese recuerdo, y reconozco que con lo confuso de esos momentos bien pudiera estar mezclando memorias… Entonces en uno de los edificios de abajo, que desde esa altura no era más que un pequeño punto, vi un resplandor. El hecho de que una luz desde el suelo pudiera deslumbrarme, cuando el Sol mismo no lo hacÃa me llamó mucho la atención, me incliné hacia abajo a ver si discernÃa algo más, pero mi cuerpo torpe no supo mantenerse en la terraza donde estaba acostado, y caÃ.
Mientras caÃa recordé que muchas veces me imaginé cayendo desde una gran altura, y siempre estuve convencido de que a medida que aumentara la velocidad serÃa más difÃcil respirar, hasta morir ahogado. En ese momento me dà cuenta de que no solo no tenÃa dificultad para respirar, sino que no lo hacÃa; además no sentÃa que el viento chocara contra mi cuerpo, simplemente me deslizaba en el vacÃo.
Caà largo tiempo y a medida que lo hacÃa mi piel se endurecÃa nuevamente, era doloroso, empecé a tener miedo, no a la muerte, la cual habÃa dejado de ser no un misterio, sino un misterio que no me interesaba. Le temÃa a mi existencia, al desconocimiento sobre lo que me sucedÃa, y sobre todo sabÃa que cuando llegara al suelo no morirÃa, sino que estarÃa en un entorno seguramente hostil a mi nueva forma de ser. Al final llegué, pero extrañamente no estaba en la ciudad que habÃa visto, caà en medio de un bosque, el olor a musgo y humedad me envolvieron, no sentà dolor pero si una pesadez terrible, me costaba moverme. No pude levantarme, solo atiné a gatear hasta las grandes raÃces de un árbol, y me deje yacer allÃ, mientras las lágrimas comenzaron a recorrer mi rostro.
… y ya no hay mucho que decir, de alguna manera supe contar el tiempo, aun cuando estuve casi siempre en alguna especie de sopor y sé, o creo saber, que han pasado décadas desde aquella caÃda hasta que me encontraste. Estás convencida de que soy un ángel o alguna criatura de esas, pero por desgracia me siento bastante humano y bastante vulgar; y como te he dicho no tengo la menor idea de porqué o cómo sucedió todo esto o que soy realmente. Ahora, con cuidado, intenta separarme del árbol…
No commentsApr 7
manejar la tristeza

¿ Cómo disfrazar un lágrima? Quizás envolviéndola en agradecimientos o rabias, pero mayormente intentaremos describirla con palabras engañosas.
No commentsApr 7
ansiedades

De un paso tras un instante, de un cariño tras una canción; de una esperanza tras la agonÃa alegre de las inmensidades, tras todo eso, a veces encuentro un par de ojos que miran el vacÃo.
No commentsApr 7
humo

Poco a poco se van desvaneciendo los pilares, es como si los envolviera el humo, pero sabemos que en realidad se convierten en humo, y poco a poco los vamos inhalando, mientras esperamos extasiados que el horizonte reaparezca.
No commentsMar 16
Quiero ser leyenda

Leyendo “Historia universal de la infamia”, de Borges, se me ocurrió ser leyenda, para ello consideré tres axiomas:
- Porciones de personas solo ven porciones de uno.
- Cada persona, de cada porción de personas, interpreta cada porción de uno a su manera.
- La mayorÃa de las personas prefieren que les digan como interpretar lo que ven.
Osea que hay que lograr dos cosas:
- Mostrar lo que sea importante para las personas que me ven.
- Buscar la manera de decirles que interpretar de lo que ven.
Ser leyenda significa ser muchas versiones de uno mismo, todas hiperbolizadas, que a la larga convergerán en una única versión. Para ello decidà que lo mejor será hacer una serie de acciones contradictorias, pero sutilmente relacionadas. Cada cual hará su interpretación de mis razones, intentaran ubicarme en algún modelo o leyenda anterior, no obstante, mientras sugiera la sospecha de motivos ocultos mi presencia crecerá en misterio, y les daré pistas a todas las versiones para que se convenzan de sus teorÃas; se pelearan entre sÃ, discutirán y se olvidarán de mÃ. Entonces les recordaré mi existencia, bueno la existencia de mi leyenda, en ese momento debo desaparecer con tristeza, debo dejarlos con ganas de preguntarme algún “por qué”, de manera tal que muchos esperen mi regreso, o más bien que estén convencidos de que regresaré. Luego esperaré varios años, o el tiempo que sea necesario, para hacer un amago de reaparición, lo suficientemente obvio como para que muchos lo noten, pero también con sutileza, para que sea cuestionable.
Reconozco que hay otras maneras, como ser un héroe, pero es que a los héroes son estatuas fijas, ya empaladas por la historia, y yo no quiero estar en la incredulidad del papel, me basta, prefiero, la fantasÃa de los cuentos callejeros y la fantasÃa.
Este escrito lo dejo para que todos sepan que lo he hecho, que he planeado mi leyenda, dejaré estas palabras como testamento que deberá ser revelado mientras yo aun esté vivo, pero escondido en la multitud anónima. Estas cuartillas serán lo que selle la leyenda, pues sé que muchos negarán su existencia, las acusarán de apócrifas, ignorarán pruebas forenses, otros no necesitarán esas pruebas, les bastará la palabra de algún “experto”. Pero yo sabré, yo estaré presente cuando se devele esta verdad falsa, y sonreiré frente algún puesto de periódicos y seré inmortal en vida.
2 commentsMar 16
Sonidos noturnos

Todo empezó hace varias semanas cuando me disponÃa a dormir, apenas habÃa apagado la luz comenzaron los ruidos, los vecinos del apartamento de arriba golpeaban su suelo, mi techo, golpeaban rÃtmicamente, como si fuera un ritual. Al principio me molestó, pero al rato el sonido comenzó a adormecerme, mi último destello de conciencia antes de quedar dormido fue la preocupación de que cambiaran el ritmo o la fuerza de los golpes y me despertaran. Nada sucedió, me desperté a la mañana siguiente luego de haber dormido muy bien, solo al rato me di cuenta de que los golpes seguÃan ¿ nunca habÃan parado? Me vestà y me fui al trabajo, todo el dÃa fue una mierda, sin ganas de hacer nada, solo con deseos de que llegara la hora de salir, aún sabiendo que no tenÃa nada que hacer en la casa, o precisamente por eso, tenÃa ganas de no hacer nada, de vegetar frente al televisor.
Al entrar al cuarto oà lo que no sabÃa que esperaba, seguÃan los golpes, casi me arrancaron un sonrisa. Me tiré en la cama y encendà el televisor, pero los golpes no me dejaban oÃr bien, subà el volumen y los golpes seguÃan siendo más fuertes, lo puse al máximo y nada. Comencé a pensar que los vecinos me estaban molestando a propósito, apagué el aparato dispuesto a protestar. Entonces me di cuenta de que los golpes no estaban más fuertes que antes, volvà a encender el televisor y comprobé que de hecho no es que golpearan más fuerte, sino que simplemente solapaban cualquier otro sonido.
Volvà a acostarme, y cerré los ojos concentrándome en los sonidos de arriba, poco a poco empecé a distinguir una voz que susurraba algo. Era una voz vieja, ni de hombre ni de mujer, solo cascada y triste. Intenté separar las palabras, pero fue en vano, reconocà el español, o al menos la voz hablaba en un idioma de musicalidad y cadencia parecidas. Empezaba a adormecerme, arrullado por esa voz que ahora era más clara que los golpes mismos, los cuales eran ya un mero fondo musical que afirmaba las palabras inteligibles, cuando una palabra fue clara: “espérame”, me sobresalté, intenté en vano entender algo más, finalmente me quedé dormido recordando esa palabra y tuve sueños inquietos, de voces femeninas que me imploraban perdón por crÃmenes que yo no conocÃa; o me pedÃan ayuda sobre asuntos que no me importaban.
Desperté en medio de la madrugada, la noche estaba tranquila y en silencio ¡ ya no habÃan sonidos del apartamento de arriba! Me asusté mucho, llegué al terror, no me atrevÃa a moverme mientras alcanzaba a pensar que ese miedo era totalmente irracional. Estuve despierto hasta que el sol comenzó a iluminar las persianas, todo el tiempo habÃa forzado mi cerebro imaginando explicaciones para esos sonidos raros y mágicos que se habÃa ido de pronto, y habÃa comprendido que mi terror se debÃa a la desesperanza y a la soledad de perder la magia.
Como a las 9 am atiné a levantarme e ir a la casa de los vecinos con paso lento, y duda en mi rostro. Toqué y me recibió una señora pequeña, por segundos tuve la esperanza de que su voz fuera la que me arrulló la noche anterior, pero aunque vieja y triste no tenÃa nada que ver. Fue amable e indiferente, ella no sabÃa nada de golpes y me pedÃa disculpas no obstante, por cualquier molestia que pudieran haberme causado, y que le iba a preguntar a su esposo, buenos dÃas y adiós.
Nunca más he escuchado sonido alguno proveniente del piso de arriba, excepto algún sonido ocasional y cotidiano, que nada tiene que ver con los de golpes de antaño.
No commentsMar 15
El ojo perdido
Por la manera de moverse era obvio que buscaba algo, pero era difÃcil saber qué, a cada rato nos miraba con furia, e intentaba disimular su frustración. Al final desistió y se sentó en el suelo pegajoso de licores, los demás nos quedamos mirándole, asustados pero fascinados. Esperábamos que recomenzara su búsqueda o se fuera, que se parara a explicarnos porqué habÃa golpeado de esa manera a Oscar era algo que no pasaba por mi mente, aunque quizás otros lo exigieran en silencio. Por eso fue que cuando se paró y caminó hacia nosotros me sobresalté y me encogà aun más en la esquina de la pared, los demás delante de mà también se echaron hacia atrás. Todos le temÃamos, y el nos odiaba, seguramente más de uno estaba seguro que sucederÃa alguna otra golpiza, o quizás algo peor, y yo estaba seguro de que, otra vez, nadie saldrÃa en defensa del golpeado. Aun Oscar no se levantaba, seguÃa acostado de lado, escupiendo sangre, y con los ojos cerrados por la hinchazón que ya comenzaba a cubrirle la cara. El desconocido se paró frente a nuestro grupo, su rostro de cerca era extraño, creo que uno de sus ojos era de cristal, pues su color era más pulido que el otro y no se movÃa, pero por otra parte uno podÃa pensar que cierta vida se agitaba en ese ojo.
Antes que el extraño hablara oà una voz, conocida por mÃ, pero que en ese momento era totalmente inaudita, quién eres, qué quieres; esas preguntas tan audaces de parte de alguien que no salió en la defensa de Oscar, de alguien que todos sabemos que es un cobarde, solo provocaron una sonrisa en el otro, no te importa, solo quiero saber donde está mi ojo. En ese momento noté que mis pies estaban frios y empantanados, como si hubiera caminado por un charco, también vi que a todos lse pasaba algo parecido, pues miraban sus pies y los movÃan, y todos vieron lo mismo que yo, los pies estaban secos, pero apestaban a orine u otra cosa asquerosa. El desconocido seguÃa sonriendo, y la sensación de suciedad húmeda nos invadió a todos, era como si nos sumergiéramos en un lodo maloliente, todo el cuerpo se sentÃa igual de pegajoso y apestoso, empezaba a ser insoportable; donde está mi ojo; ¡ tienes los dos ojos! su irracionalidad era lo que más miedo y rabia daba, todos estábamos seguros de que él causaba ese malestar, pero sabÃamos que era imposible. Dejó de sonreir y se llevó la mano al ojo que pensábamos que era de cristal; este es falso, estoy buscando el ojo que ustedes me robaron. Entonces me asusté aún más, este loco nos acusaba de robarle, a este loco le temÃamos todos y él nos acusaba de algo, su represalia era segura. Me di cuenta que no buscaba su ojo, buscaba castigar a la gente, solo porque sÃ, el pretexto era absurdo, y por tanto aún más peligroso. Lo tengo yo… balbuceó Oscar, el extraño se viró rápidamente, caminó hacia donde estaba tirado Oscar, lo arrastró por los pelos hacia la puerta y ambos desaparecieron, ni siquiera oÃmos los pasos. Pasaron algunos segundos antes de que nos atreviéramos a movernos, finalmente Gonzalo fue a la puerta y se asomó, pero no habÃa nadie. Se esfumaron, dijo levantando los hombros.
Luego nos pusimos a recoger.
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